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¿Jugamos rol o estamos crazy? 2
por Lisandro Berenguer Grassi

La primera vez que oí hablar de los juegos de rol fue a raíz de algo bastante trágico, y en el programa menos esperado. Vacaciones a mis diez años, mañana temprano. Con el desayuno en la mano, me instalé en el sillón del comedor para ver la televisión. En canal Nueve, por aquel entonces, pasaban dibujos animados desde las 9:30 de la mañana hasta las 12. Pero... desde las 9 hasta que empezaban los cartoons había algo igualmente divertido: el Club 700, graciosímo (no adrede) programa religioso estadounidense conducido por un tal Pat Robertson. El rostro preocupado del presentador hablaba de algo terrible que había ocurrido. Un pibe había matado a dos o tres de sus amigos en un garage (creo que con una sierra eléctrica o algo así), luego de terminar de jugar una partida a... ¿adivinen qué?... nada menos que Dungeons & Dragons. Después de anunciada la noticia, el tipo de la tele comenzó a decir que ese juego era un engendro del mal, que hacía que los jóvenes norteamericanos pasaran horas peleando contra cosas imaginarias, que les alteraba la mente. En definitiva, que los volvía locos. ¿No notan algún parecido con las críticas que se le hacen al rol comúnmente, y que alguna vez todos hemos escuchado?

¿Tienen razón, Macaya?

Más allá de que la noticia fuera tremenda o no -lo era-, el hombre del Club 700 se planteaba algo que a mucha gente que no conoce el rol le parece verdadero. Esto es, que todos los que jugamos somos como una secta que se reúne en lugares oscuros a hacer cosas medio locas, y que estamos todos un poco tocados, o que no distinguimos realidad de fantasía... bueh, acá cada uno de los lectores podría agregar un item distinto, puesto que todo rolero ha oído alguna vez cosas de este tipo. Pero... ¿son ciertas o no?; si lo son ¿qué grado de veracidad tienen?. Intentemos dilucidarlo con cierta objetividad.

Primero , los juegos de rol causan adicción. Los roleros lo sabemos. Pero... ¿acaso también no la causa el fútbol, por ejemplo? Yo jamás pude comprender a los tipos que se saben de memoria la delantera de su equipo favorito. Y mucho menos cómo alguien puede ir a la cancha a pegarle a otro por una camiseta (pido perdón a los roleros que son a su vez hinchas de fútbol... aunque estos deben estar claramente locos). Nadie critica que un chabón tenga su cuarto adornado de banderines, banderas, camisetas, pósters, y un largo etcétera relacionado con el cuadro de sus amores. Todo se relaciona con el límite. ¿Cuán adicto al rol sos? ¿Cuán adicto al fútbol, básquet, tenis? ¿Cuán adicto a tal o cual música?

Segundo, el rol es algo bastante incomprensible y aburrido para el que no juega. Muchos de los lectores habrán intentado explicarle a un no jugador qué es el rol. Sabemos que es algo bastante complicado de hacer. Ni hablar si alguien mira jugar a otros sin participar. ¿Por qué mierda saltan estos tipos (uno acaba de matar a un troll con las manos desnudas)? ¿Por qué están tan contentos (encontramos tres armaduras de mithril y 100.000 monedas de oro)?. Esta incomprensión, sumado a que la mayoría preferimos jugar de noche, nos da un aire sectario que pone nerviosos a más de uno, ansioso de censurar antes de saber bien de qué habla.

Essere est percipi

Tercero. "Ser es percibir", decía Jorge Luis Borges en un cuento. Cuando jugamos, no tiramos dados y miramos tablas, no escuchamos las descripciones del Master. Cortamos y decapitamos orcos. Volamos pechos de Imperiales. Somos muertos por engendros babosientos de otras dimensiones. Hacemos magia, tan verdadera y poderosa que puede matar a otro ser. Y esto es lo fantástico del rol. Ser otros tipos, hacer otras cosas, visitar otros mundos, explorar zonas desconocidas. Ser más fuertes, lindos, audaces o poderosos que en la vida real. Es puro escapismo. Enfrentémoslo. Es así.

¿Y qué hay de malo en escaparse de una realidad muchas veces más dura que Sauron?. ¿A qué malo preferís, Darth Vader o tu jefe?. También son escapismo las obras de Shakespeare, las esculturas de Miguel Angel, la música de Los Beatles, las películas de Clint Eastwood. Necesitamos irnos, alejarnos de nuestra piel por unas horas, unas pocas horas por semana. Repito: creo que no es malo. Pero claro, yo juego rol. Y soy bastante feliz así."Go ahead... make my day"

Finalmente, y por todas las razones antes expuestas, muchas personas opinan que el rol es algo nefasto, que cambia a la gente y la vuelve loca. Algunas acotaciones antes de terminar acerca de esto. No creo que el rol cambie a alguien. En todo caso, hace aflorar las facetas más oscuras de la mente humana, esas que un señor llamado Freud (entre otros) se divirtió en explorar. Cada personaje que tenemos refleja una cierta parte de nosotros. ¿Sos fiel con tus compañeros, sos un cobarde o un mercenario?. No en vano muchos psicólogos utilizan al juego de rol, o variaciones de éste como una eficaz terapia. En cuanto a volverse loco, citaré aquí a un amigo y miembro de Juegos de Qué?, Don Gonzalo B.: "No es que el rol me haya vuelto loco. Yo ya estaba loco desde antes, así que... ¿qué más da?".

Eso... ¿qué más da?

Esta nota salió publicada originalmente en la Revista de Qué? # 4 - 1/03/1994

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