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¿Jugamos rol o estamos crazy?
por Lisandro Berenguer Grassi

El rol es una actividad lúdica como cualquier otra. O casi. En algunos de nosotros (yo me incluyo) desarrolla bastante adicción. Así, entonces, tal como un hincha de fútbol se sabe de memoria la formación de su equipo, inclusive las que se remontan hasta años ha, un rolero fanático comienza a relacionar grandes porciones de su vida con su hobby. Colecciona las fichas de sus personajes muertos, escribe cuentos basados en aventuras que transcurrieron, compra figuritas de plomo para representar a sus personajes y las pinta y muchas cosas más que a cada uno se le ocurrirán en este momento.

Pero los problemas no surgen acá. Si cada uno vivera en una burbuja, a nadie le jodería que un tipo lleve el simbolo sagrado de su dios colgado al cuello. Como no es así, otras personas miran con incomprensión, extrañeza y hasta un dejo de desdén a esos tipos que se "se juntan todos los sábados a la noche a perder tiempo", en vez de dedicarse a "disfrutar la vida", saliendo a bailar o haciendo otras actividades más comunes. Recuerdo que cuando comencé con esto del rol (y esto le sucedió seguro a muchos de los lectores), otros amigos, a quienes yo quería enganchar, me miraban con cara de horror, diciéndome que nunca se encerrarían una noche en la que pudieran pachanguear en algún otro lado. Evidentemente esta gente, pese a mis esfuerzos, jamás vino a una sesión... ni vendrá. Cuando me los encontraba un tiempo después (y aún hoy), me preguntaban, con una sonrisa sardónica a flor de labios: "¿Seguís jugando a... eso, como se llamaba?". Acto seguido, sin escuchar la respuesta -que de movida sabían era positiva-, agregaban: "Pero decime la verdad... ¿no te aburrís?". "No.", era mi escueta respuesta, refrenándo la mano que tanteaba mi costado buscando la espada bastarda para mandar al impertinente al infierno. ¡Qué pregunta estúpida! ¡Hay que ser más que imbécil para suponer que alguien que hace lo mismo una o más veces por semana se aburre haciéndolo!. Desgraciadamente, ese tipo de gente tiene un concepto de la palabra "diversión" más bien estrecho.

Aunque esto de la oposición tiene su lado bueno. Sirve para ver quien es un rolero de alma y quién uno ocasional. Si alguien se avergüenza de reconocer ( ¿qué digo reconocer? ¡Proclamar a los cuatro vientos!) que "pierde" los sábados o los viernes a la noche, o todas las tardes de todos los domingos de todas las semanas, seguramente es porque no lleva al rol metido en la sangre, y dejará tarde o temprano. Mejor.

Continuemos con la diatriba

Vamos a un punto delicado. A veces resulta que uno tiene una novia (o novio). Ya sea que la conociste antes de empezar a jugar o después de haberlo hecho, en ambos casos caben dos posibilidades, como diría Harry Suda: la primera es que a ella le guste el rol, o que por lo menos no quiera dejarte jugar solo (quizás sea porque hay otras chicas en tu grupo de jugadores), y entonces esté dispuesta a acompañarte y jugar. En este caso específico, y remitiéndome a mi propia experiencia, la mayor cantidad de las veces la chica no tiene verdadero interés, lo que queda demostrado cuando al cambiar de novio, ella no vuelve a tocar un dado de diez caras en su vida. Esto se ve también en que en la mayoría de las sesiones a las que ella concurre, si son nocturnas, se queda dormida cerca del final. O va demasiado a menudo a preparar café. Sin embargo, quiero rescatar que estas novias aceptan las preferencias de sus caballeros y no intentan una lucha que, si no inútil, por lo menos es desgastante.

El segundo caso es más complicado. Me refiero a las novias que no concurren a las sesiones de juego. También aquí hay variantes. Sea porque ella no quiere interferir, o porque el rol le resulta tan insoportable que nunca te acompañaría, los conflictos están garantizados a priori. Al principio no dirán nada, pero luego las quejas irán subiendo de tono (" ¿Qué tiene un orco que no tenga yo?"), uno imaginará variadas respuestas ("Y, algo así como 35 puntos más de experiencia") e intentará mantener el equilibrio entre sus dos amores... porque jamás dejaría de jugar rol porque alguien se lo pidiese, así fuera el mismísimo Eru Ilúvatar. Por eso este consejo para féminas-no-jugadoras-e-insistentes: tengan cuidado, puesto que, a pesar del viejo refrán español ("Tiran más un par de tetas que una yunta de carretas"), a veces una espada +1 tira más que todo eso junto. Y si es lengua de fuego +1, +3 contra criaturas regeneradoras, ni hablar (quisiera aclarar que, si bien este párrafo ha sido redactado en masculino, esto se debe solo al sexo del escritor, ya que los casos se dan, aunque con menos frecuencia, también a la inversa, y si no, que lo cuenten algunas de las lectoras roleras de la revista).

Al final, todo es cuestión de saber administrarte. Una de las críticas que se le hacen al juego de rol es que es muy absorbente; yo diría que no es este el problema (que sea absorbente o no), sino cuanto lo es. Si empezás a notar que tratás de calcularle los XP a todo lo que se te cruza, bueno, entonces quizás deberías ralentizarte un poco. Porque todo en exceso termina cansando, y no es cuestión de que por jugar demasiado termines perdiendo el gustito especial que hace al rol tan diferente de otros juegos.

Esta nota salió publicada originalmente en la Revista de Qué? # 3 - 30/12/1993

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