notaquiencomo

 

¿Quién es cómo?
por Juan A. Del Compare

 

Podría haber sido una típica charla de café entre amigos, pero no. Los amigos estaban hablando de un tema que tocaba bastante de cerca al cronista: los juegos de rol.

 

De más estaría decir que no pude resistir la tentación de parar la oreja para prestar atención, e incluso luego recordar lo que hablaron.

- ¡No, loco! - había empezado uno de los chicos - Yo estoy podrido de que siempre me hagas tirar los dados para ver qué carajo me toca ser. El otro día, jugando RuneQuest, me diste un shamán de cultura bárbara; un médico brujo. ¡Y me cagué de embole! Yo quería ser un guerrero onda Conan, loco. ¡Estoy re-cansado de que me des siempre personajes de mierda!

Federico, el acusado Master de RuneQuest, no hizo esperar su respuesta.

- ¿Qué querés que te diga? El juego es así, y a mi me parece bien. Vos no elegiste nacer rubio o morocho. ¿Por qué va a elegirlo tu personaje? Agradecé que te tocó humano. Podría haber sido peor.

- Si el juego te obliga a ser así, entonces es una mierda. Pero vos también podés decidir como quieras. - volvió a la carga Gustavo, el desvalido shamán - Si la otra vez, cuando a Hernán le tocó un Draconiano montaraz, no lo dejaste usarlo, "porque es demasiado grosso". Pero para vos nunca un personaje, en especial los míos, son demasiado chotos.

- ¡Paren, che! ¡Bajen un poco los humos! - intervino Ricardo, tratando de terciar - Seguramente los dos tengan algo de razón, pero no necesitan pelearse por eso.

A esta altura de la situación, yo ya me había percatado de que el juego de rol genera pasión no sólo con cosas relacionadas con aventuras. Por un momento recordé las tantas charlas sobre fútbol que habré escuchado en este mismo tono.

- Okay. Te explico, así entendés. - empezó Federico - El juego sostiene que cada uno no elige lo que quiere ser al nacer. Cuando vos generás un personaje, nace. Y el azar decide qué es. Por eso tiran dados, nos fijamos en la tabla de razas, en la tabla de profesiones y en la tabla de culturas, y listo. A mí, este punto de vista me parece el más lógico.

- ¡Pero a mí no! - insistió Gustavo, quién todavía estaba algo "alterado" - A mí me encanta el sistema de Star Wars. Ahí yo elijo la profesión que quiero, y todos los personajes están equilibrados; todos suman 18 dados con sus habilidades. Y si no me gusta ninguna de las profesiones del libro, agarro los 18 dados y los pongo como a mí se me ocurra.

- ¡Pero eso es menos real! -dijo Federico.

- Pará, pará. - volvió a intervenir Ricardo, dirigiéndose al Master de RuneQuest - Está bien que vos creas que tu sistema es más real, pero yo creo entender a qué se refiere Gustavo. Él, al crear un personaje de rol, se deja llevar más que vos por sus personajes, entonces quiere poder elegir qué va a ser.

Ahí fue que Hernán, hasta ahora callado, se metió en la discusión.

- Tu punto de vista de no elegir qué naces no me parece descolocado. - le hablaba a Federico - Pero también tené en cuenta lo siguiente: Si bien vos naciste rubio, y quizás más o menos inteligente, más o menos fuerte, durante tu adolescencia estudiaste, y fuiste al gimnasio, y hoy sos más inteligente y fuerte de lo que hubieras sido. Además, ¿quién te obligó a estar hoy estudiando medicina? ¿Acaso tiraste un dado en la tabla de "carreras universitarias"? No, supongo que la elegiste.

- Quizás podrían encontrar un punto intermedio, - siguió Ricardo - como por ejemplo, tirar la raza y las características y que se elija la profesión...

- Tampoco, loco. - volvió Gustavo - A mí la realidad me hincha las bolas, y cuando juego rol tengo ganas de desenchufarme, ser y hacer lo que se me ocurra, nacer de vuelta, aunque sea por seis horas.

- Ese puede ser tu punto de vista - dijo Federico - pero yo cuando juego, me gusta tirar los dados y ver qué me toca ser, y tratar de interpretar el papel que me tocó lo mejor posible. Para mí eso es rolear.

- Está bien, tenemos dos visiones muy distintas de lo que es rolear - siguió Gustavo - pero no por eso me tenés que obligar cuando sos Master a que te haga caso.

- No es cuando yo soy Master. Es también el juego. También por eso yo no dirijo Star Wars.

- Pará. No es sólo Star Wars - se metió Hernán - En el James Bond, tenés puntos de generación limitados y te armás tu personaje a piaccere.

- Sí, ya sé. Y tampoco dirijo Bond. En parte es por los escenarios, también. Nunca me copó la saga de Star Wars, y vi pocas películas de Bond, pero además, a mí me gusta más, sobretodo cuando juego, no ser un super-personaje, sino un tipo normal, que pelea por sobrevivir.

- Seguro que te gusta jugar Aquelarre - agregó Ricardo, recordando que el espíritu de Aquelarre es que los personajes sean personas normales de la época de la España inquisidora.

- ¡Por supuesto! -respondió Federico.

- Okay, pero ¿entendés el punto de vista de Gustavo?

- Sí, pero sigue sin convencerme.

- Al menos tratá de darme un poco más de libertad cuando genero mis personajes. - dijo Gustavo, ya un poco más calmado y con ganas de llegar a un acuerdo beneficioso.

- Sí, podría ser; si eso te hace feliz...

- Sí, me hace feliz. - respondió Gustavo - Pensá que yo me engancho mucho con mis personajes. Al darles vida, quiero también darles alguna chance de sobrevivir. Y ya sabés que yo creo que un mago o sacerdote tienen re-pocas chances de desenvolverse bien en un mundo de fantasía, y quiero siempre guerreros...

- Está bien, está bien - agregó Federico - No me llores más....

 

Dada por terminada la discusión, los amigos levantaron sus porrones de cerveza, y, como buenos roleros, brindaron a la salud de un dios con nombre raro, y, sin poder resistir la tentación, me crucé de mesa...

Esta nota salió publicada originalmente en la Revista de Qué? # 5 - 1/05/1994

INICIOQUIENES SOMOSHUMORANECDOTASSOLO PARA MASTERSCOMUNIDADMODULOSINFORMESEL AMIGO ORDENADOR