notapifia

 

Pifia, mon amour
por Lisandro Berenguer Grassi

Lo que voy a relatar a continuación sucedió durante el Con.Ju.Ro. (TM) II (eso es CONcilio de JUgadores de ROl, para los que no nos conocen), una de las reuniones que periodicamente organizaba Juegos de Qué?. El juego era La Llamada de Cthulhu, con un planteo novedoso que incluía cuatro mesas de juego simultáneas, cada una con un grupo de personajes de nacionalidad diferente. Todos querían encontrar el arma que evitara la Segunda Guerra Mundial. Alemanes, ingleses, rusos y americanos habían llegado, cada uno por caminos distintos, a un puerto donde debían embarcar hacia una isla. Y aquí comenzaron los problemas. Había un solo barco, por lo que todos se pusieron de acuerdo y consintieron en ir juntos.

Una vez en alta mar, empezaron los tiros. Todos contra todos fueron matándose. Cuando quedaban casi sólo los rusos (que ya se habían cargado al resto de los acompañantes), el último alemán decidió hacer valer su pellejo y se encerró en un camarote donde estaban los cuerpos de sus compañeros. Se tapó con ellos y esperó pacientemente a que algún ruso cayera en la trampa. Evidentemente, así fue. Una desprevenida se metió en el camarote. El alemán, con una Luger en cada mano, acechaba inmóvil bajo un cadáver. La rusa se acercó más y más, hasta que el alemán arrojó el cuerpo a un lado y se incorporó, a menos de un metro de su enemigo, apuntándole con las pistolas. Fríamente apretó el gatillo de una y... clic, un chasquido seco indicó que la pistola se había encasquillado. Ni lerdo ni perezoso, quiso usar la otra. Clic, de nuevo. Es difícil de describir la cara del jugador que vio cómo la rusa le masacraba a tiros al personaje después de tan buena trampa. ¡Ta que lo tiró de las patas!

Explicación sociológica

La pifia... la pifia... oh, la, la... ¿Cuántas lágrimas nos ha hecho derramar, cuantos personajes nos ha costado? ¿Porqué esa tendencia a fallar en los momentos clave, en esos momentos de la aventura en los que todo depende de una puta tiradita? ¿Porqué? ¿Hay alguna razón genética que conlleve mala leche hereditaria?. Pero todas las pifias no son iguales. Y no me refiero a qué número hay que sacar para pifiar, porque da lo mismo que sea bajo (como en Rolemaster o El Señor de los Anillos) o alto (Aquelarre, La Llamada de Cthulhu, RuneQuest, Stormbringer)... todas son igual de malas. Me refiero a cúan molestas son, porque no todas tiene la misma incidencia en la aventura. Veamos algunas clases:

    Mortal: Como en el ejemplo que abre la nota, causa la muerte del personaje, o su inhabilitación por períodos más o menos largos. Es la típica que sucede cuando pifiás en combate o, en el caso de los magos, cuando estás casteando un hechizo de algún nivel superior. Cualquier adepto a la magia sabe cuan mortales pueden ser las pifias al lanzar conjuros, ya que pueden fundir sesos, achicharrar cerebros o, en el mejor de los casos, dejar en estado de coma por varios meses a nuestro querido personaje.

    Anecdótica: Podría decirse que es la pifia más liviana. A veces hasta puede ser divertida, como en el caso de Hardford, de profesión bardo, que mientras nosotros luchábamos contra cincuenta orcos (éramos cinco PJ y 15 PNJ), intentaba matar a flechazos a alguno de los espantosos bichejos, encaramado a un árbol. Afortunadamente, lo logró... luego de gastarse 20 (veinte, XX, twenty, un carcaj completo) en el proceso. Y después de clavarle una a uno de nuestros compañeros.
    Pero no hay que confiarse. Una pifia anecdótica puede transformarse en mortal en cualquier momento. Imaginemos que Hardford hubiera estado solo y hubiese utilizado las veinte flechas para derribar a un orco. ¿Qué hubieran hecho los otros cuarenta y nueve mientras tanto?
    Otro caso de pifia anecdótica que no puedo dejar de nombrar es la que me sucedió durante una sesión de El Señor de los Anillos. El encuentro anterior habíamos cortado en medio de un combate. Al recomenzarlo, un sucio pirata de Pelargir (en el primer tiro), obtuvo un crítico que mató a mi personaje. Como no habían transcurrido ni diez minutos de juego, le pedí al Master que me autorizara a tirarme otro personaje, a lo que accedió. Me fui, pues, aparte, y comencé a generarme un enano. Cualquiera que haya jugado a este sistema sabe que un personaje de El Señor... no es soplar y hacer botellas. Bien, luego de una hora y media de usar y abusar de todas las reglas para hacerme un personaje excelente, que empezó con armas y armadura mágicas y hasta con un pony de guerra (mis buenas monedas me costó), me propuse reintegrarme al combate (que, dicho sea esto, todavía era el mismo). Galopando raudamente (¿?) hacia la acción, comencé a blandir mi hacha de guerra, mientras profería espantosos gritos. Y cuando tuve a un enemigo cerca, golpeé. Mejor dicho, intenté hacerlo. Mi primer tiro fue una horrenda, asquerosa y enorme pifia, que me hizo caer del caballo y me dejó inconsciente por el resto del combate. Una hora más de tiempo real mirando. Shit.

La más querida

Todavía nos falta un tercer tipo de pifia, una que a los jugadores les encanta. Analicémosla.

    Del Master: Esta es la única pifia que puede alegrar a un jugador. ¡Qué placer es cuando a ese ser deleznable que se oculta tras la pantalla se le coartan sus arteros planes por la obra de los dados!. Aunque no faltan los que ignoran olímpicamente los números, un Master como la gente en general respeta estos resultados en particular, ya que le agregan suspense a la aventura. Vamos a un ejemplo. En el módulo "La Saga de los Hardakaar" los personajes deben enfrentar a un malvado Barón que es más feo que chuparle las manos a un balrog, un excelente espadachín que además cuenta con algunos conjuros interesantes en su haber. Bien, cuando probé esta aventura a algunos de los miembros del staff, en el momento en que el Barón se aprestaba a liquidar al hermano mayor (y he de agregar que el noble es un sujeto de temer, armado con una espada que ahuyentaría a más de uno), tiré los dados, disfrutando con anticipación al mandoblazo que se avecinaba. Nada de eso. Pifié miserablemente. Y para completarla, al tirar en la tabla que el RuneQuest trae a tal efecto, me salió que el señorito se me quedaba ciego por tres rounds, sin poder parar ni atacar. Está de más aclarar que mi amigo no duró tres asaltos ciego ni en joda.

Todo esto no es extraño. Uno pifia de vez en cuando. Pero cuando en el Con.Ju.Ro(TM) IV dirigí la misma aventura y, en el mismo momento clave, volví a pifiar, sacando el mismo resultado, algo me indicó que quizá alguna maldición pesa sobre el pobrecito Barón. Agradecería, por lo tanto, que me hicieran llegar noticias de alguna otra pifia cometida por este lechoso personaje, al que estoy tentado de sustituir por un dragón (al que por lo menos no se le caen las armas).

"OO"


Llegamos entonces al final de esta breve revisión de la desgracia rolera. Antes de irme quisiera acotar, en defensa de la pobre pifia, que en algunas partidas se han dado pifias en los momentos justos, y que le han agregado profundidad y dramatismo a alguna acción. Y que la pifia es parte consistente de los juegos de rol, por lo que no deberíamos putear demasiado cuando aparece.

Aunque... ¿porqué justo me toca a mí siempre?

Esta nota salió publicada originalmente en la Revista de Qué? # 7 - 1/09/1994

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