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Luz, cámara... Rol
por Lisandro Berenguer Grassi

Hasta bien entrados los noventas fue difícil encontrar juegos de rol en algún negocio de Buenos Aires (o por caso, toda la Argentina). Los pocos que conocíamos ese extraño entretenimiento era por distintas casualidades: a) la persona en cuestión había vivido (o tenía un amigo que había vivido) un tiempo en algún país foráneo, preferentemente los Estados Unidos y se había traido el vicio consigo; b) algún pariente había viajado y, como curiosidad, había retornado con una cajita con el Dungeons & Dragons básico o algún libro que contuviera las reglas de un sistema para regalárselo al "molesto sobrino" que, al retorno de cada viaje iba a recibirlo a Ezeiza con los brazos abiertos... esperando algo a cambio. Luego de esas primeras épocas rolísticas (la Prehistoria del rol argentino) fue, cada vez más y hasta llegar a hoy, fácil conseguir los implementos necesarios acá. Sin embargo, y sin que lo supiéramos, todo el tiempo habíamos tenido juegos de rol enfrente de nosotros. Y gracias a la magia de Hollywood.

La juventud yanki tiene incorporados a los JdR a su vida. No todos juegan, por supuesto, pero un 90% conoce de qué se trata la cosa y muchos tienen amigos que sí lo hacen. Esta asimilación se traslada a toda la sociedad, aunque a veces con efectos perniciosos. Es tan así, que en algunas Universidades se prohibió jugar en el Campus (los cuartos privados de los alumnos), debido a que, claro, los tipos se pasaban horas colgados en vez de hacer otras cosas, entre ellas estudiar. Pero vamos a lo que nos atañe en este artículo.

Una vez que me picó el bichito del rol empecé a reconocer atisbos de juegos en escenas, más o menos relevantes, de distintas películas de todo calibre. A continuación sigue una pequeña enumeración, con un recuadro especial para el largometraje que ayudó a forjar la leyenda negra del rol: la deleznable Mazes & Monsters.

Una película que nos deleitó a todos los que ahora rondamos los veintipico, quizá por la identificación con el protagonista, el pequeño Elliot, fue E.T., el extraterrestre, de Steven Spielberg. Hay que tener el ojo entrenado (y ver más de una vez la película) para captar el momento en el que se hace referencia a los juegos de rol. Cuando empieza la historia, el hermano mayor de Elliot y sus amigos mandan al benjamín a buscar unas pizzas porque ellos están muy ocupados... jugando al D&D.

Una referencia un poco más negativa (aunque graciosa) está en una película no estrenada en los cines argentinos pero disponible en video (tambien la pasan por cable), Cabezas Huecas (Airheads), que narra la historia de tres amigos que integran una banda de rock pesado y que, intentando darse a conocer, toman una radio por la fuerza, reteniendo a los empleados, al dueño y al conductor mismo del programa como rehenes. Bien, en determinados momento, cerca del final de la película, una muchedumbre se ha congregado en las afueras del edificio de la emisora para alentar a los "terroristas", según los llaman los medios de comunicación. El protagonista, de riguroso pelo largo, se ve muy apesadumbrado cuando la masa se entera de que en sus épocas escolares usaba el pelo corto. Con tono triste reconoce que eso es verdad. Esto genera una reacción de parte de la gente, que comienza a confesar sus pecados de juventud. Uno admite haber usado pantalones de corderoy, supremo pecado, mientras que un tercero, un negro rasta, murmura con vergüenza frente a un público atónito: "Y yo hasta jugué Dungeons & Dragons".

Una de terror y que es más que un paneo o comentario. Pesadilla en lo profundo de la Noche 3: Los guerreros del Sueño, una de las tantas que tuvieron como protagonista al simpático Freddy Krueger, transcurre en un centro para la rehabilitación de chicos con problemas de sueño. En una escena, un grupo de tres chicos, comandado por un inválido de anteojos, está jugando a un juego para distraerse. ¿Debo decir cúal?. Pero acá no termina la cosa, porque los pibes descubren que, en sus sueños, pueden hacer (y ser) lo que quieran. Cuando a Freddy le toca el turno de reventar al anteojito, éste responde transformándose en el archimago que es su personaje en Crudo (es el apodo que cariñosamente le dan al D&D sus jugadores, por contraposición al Advanced). Inclusive llega a efectuar un par de hechizos, pero al final, como era previsible, Krueger se lo zampa. Lástima.

La última es de dibujos animados y de uno de mis favoritos, Los Simpson. En un capítulo en el que se recuerda la juventud de Homero y su paso por la Universidad de Springfield, este hace el siguiente comentario (más o menos): "Nos quedamos toda la noche en vela jugando Calabozos y Dragones, y no sé para qué, si al final me mató un elfo".

Como verán, la imagen que los americanos tienen de los jugadores de rol no es muy buena que digamos, oscilando entre estos-pibes-locos-de-atar y estos-pibes-asesinos-en-potencia. Que le vamo' a hacer.

Para terminar: hace años que se rumorea que TSR, la compañía editora del AD&D, tiene en sus planes una película. El año pasado hasta se llegó a hablar de un posible guión, pero parece que la idea no prosperó. Habrá que ver que sucede.

Y esto es todo, amigos. Si llegan a descubrir alguna perlita más, escriban a la redacción y hágannosla saber, así ampliamos nuestra base de datos sobre boludeces roleras. Ahora, me falta conseguir ese programa del Club 700...  

Mazes & Monsters o la leyenda negra del rolEn el año 1982 se estrenó en Estados Unidos y Canadá (este último su país de origen) una película protagonizada por el entonces desconocido Thomas Hanks, AKA Tom Hanks. Dirigida por Steven Stern y basada en un libro escrito por Rona Jaffe (intitulado, muy ingeniosamente, "Dungeons & Dragons"), "Mazes & Monsters" contaba una historia que aún hoy perdura en el imaginario de los no roleros, en especial los norteamericanos: un joven, con problemas de inestabilidad emocional y psíquica y a raíz de una obsesión con el juego que dio nombre al libro, termina cayendo en un estado de locura. Pero contemos la historia con más detalle:

Tom Hanks es un joven tímido y retraído, que con su novia (Wendy Crewson, nunca más se supo de ella) y su mejor amigo (David Wallace, ídem) tiene un pasatiempo común a muchos otros jóvenes estadounidenses: jugar D&D. Sin embargo, poco a poco su personaje, un "hombre sagrado" (no me pregunten a que categoría pertenece en el juego, no tengo la más mínima idea; solo sé -lo cuentan en la película- que no puede recurrir a la violencia), va absorbiéndolo hasta que al chico ¡puf!, le salta un tornillo, comienza a ver visiones en las que confunde a la gente con monstruos y se lanza a deambular por las calles de Nueva York en busca de las dos torres que quería alcanzar en la aventura y que confunde con los edificios gemelos de Sears & Roebuck. Su amigo y su novia (en realidad, ex-novia, porque ella se cansa de que el pibe no quiera tocarla y busca nuevos horizontes) se lanzan a su búsqueda y recorren toda la ciudad hasta que se les ocurre dónde puede estar el lunático. En efecto, lo encuentran en las torres y lo salvan cuando está a punto de saltar. El film tiene un triste final, con Tom Hanks recluido en un sanatorio para enfermos mentales y sus amigos hablándole y diciéndole a todo que sí.

La película en sí no sería tan mala, si no fuera porque es un compilado de lugares comunes acerca de lo malos que son los juegos de rol. Más allá de que no se entiende cómo es que se juega en las (pocas) secuencias en las que se supone que los chicos lo hacen, las actuaciones son mediocres y la música deleznable. Cuando la vi tenía algo así como diez u once años y todavía no jugaba rol, pero me quedé bastante traumado. Tanto, que cuando llegó a mis manos un librito de "Elige tu propia aventura" de la serie D&D, editado en español por Timún Más, se lo di a mi mamá para que lo leyera y me dijera si yo podía hacerlo. Afortunadamente, comprobamos que no había nada malo en el D&D y sí en las cabezas de los productores de "Mazes & Monsters" (o "Juegos de la mente", como la titularon en el viejo Canal 11 cuando la dieron). Afortunadamente, sin embargo, cuando el quilombo de España ninguno de los tipos de Telefé recordó que la tenían en su catálogo, sino ya podemos imaginar el resultado. En definitiva: si la tenés en el video club, comprala, mirala y quemala... después de una buena sesión de rol.

Esta nota salió publicada originalmente en la Revista de Qué? # 11 - 1/09/1995

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