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¡¿Dónde están los dados ?!
por Lorena Rela

 

La primera vez, en el rol como en todo, es fantástica o es frustrante. Leamos la crónica de cómo nuestra colaboradora se enamoró del rol, las sensaciones del primer contacto con este delirio de juegos y algunas consideraciones más sobre la iniciación.

 

Libra había estado hasta tarde la noche anterior jugando a la cartas en una taberna de Dagobah para conseguir algunos créditos. No le gustaba esta ciudad. Había llegado ha probar suerte y se había aburrido pronto, como en tantas otras ciudades... Ya había conseguido lugar en una nave comercial que salía en la mañana rumbo a Dantooine. Sus últimos créditos estaban destinados al pasaje y llegaría a destino sin dinero... como siempre.

Se levantó de la cama extraña (en realidad no tenía una que sintiera propia) y caminó hacia el hangar, ensimismada, con los recuerdos de niñez dando vueltas por su cabeza; aquellos recuerdos que, aunque quería olvidar a toda costa, retornaban constantemente. Volvió a la realidad con un tirón en su cinturón y giró la cabeza rápidamente. Era evidente: la bolsita del dinero no estaba en su lugar. ¡Qué estúpida! ¡¿Cómo pudo perder la atención de ese modo, si ella solía, en situaciones de extrema necesidad, hacer aquello de lo cual había sido víctima?! Maldijo la memoria de sus padres y corrió detrás del engendro que tenía su bolsa: un maldito jawa que escapaba con sus dos cómplices a pasos cómicamente cortos. Alcanzó al enano fácilmente y le arrebató el botín con cara de satisfacción.

El la miraba con sus ojitos brillantes y maliciosos. ¿Por qué cuernos parecía tan satisfecho?

Levantó la vista y vio a los otros dos a unos veinte metros hablando con un guardia imperial mientras la señalaban. ¡Sucios y tramposos petisos mal hechos! ¡Con lo bien que le venían justo ahora los problemas, a un paso de salir del planeta!. Puso su mejor cara de ángel y esperó al imperial tratando de parecer inocente.

- Estos ciudadanos la acusan de haberlos robado.

- ¡¡Pero eso no es cierto!! ¡¡¡Ellos me robaron a mí!!!

- Es su palabra contra la de ellos... Me va a tener que acompañar. - Ya apuntaba con el blaster.

Ilusa... Seguramente ese cerebro de asteroide se iba a poner de su lado. Faltaban quince minutos para encontrarse con los de la nave, y ese era su único dinero. No lo pensó dos veces: puso los ojos en blanco, se dejó caer fláccidamente y tomó por los tobillos al guardia para tumbarlo. Logró hacerlo caer. Se levantó, empezó a correr enloquecida, trastabillando los primeros pasos, y dobló la esquina más próxima. Pegada a la pared, con el corazón empujándole el pecho con fuerza, esperó a que él doblara desprevenido.

Fueron segundos interminables... obligó a sus pulmones agitados a respirar artificiosamente lento... trató de escuchar con cada parte de su cuerpo...Al fin apareció, doblando la esquina a veinticinco centímetros justo frente a ella.

Lo sorprendió. Era lo que quería. Disparó una, dos, tres veces entre los dos disparos torpes y desorientados de él. Lo vio caer y escapó sin mirar atrás. ¡Era la primera vez que mataba! ¡¡Y además era un guardia!! Acababa de ponerse fuera de la ley...

OK... Esta fue mi primer aventura (de Star Wars, evidentemente) y Libra, mi primer personaje (ella sigue con vida y, como todos suponen, buscó refugio con la Rebelión luego de un par de problemitas más con los guardias imperiales).

Conocí el rol como la mayoría: tomaba sol plácidamente en los jardines paradisíacos de Ciudad Universitaria y, medio somnolienta, escuchaba a un par de amigas charlando con otro par de conocidos recientemente. La conversación se fue tornando un tanto extraña, a veces incoherente, y, por un momento, pensé que estaba durmiéndome y mezclando lo que oía, o que el sol de las 14 estaba haciendo estragos en mi cerebro, friéndome las neuronas. Abrí los ojos, me senté, me puse a la sombra, y la conversación siguió; y no sólo eso: apareció ante mis ojos un libro más extraño aún que la charla, con cuadros, tablas, dibujos, que uno de los chicos señalaba al explicar.

- Perdón... ¿De qué hablan? Porque no entiendo una goma...

Cuando me enteré de qué era un juego y en qué consistía no me entusiasmé para nada. ¿Cómo puede ser que, alrededor de una mesa, puedas imaginar cosas que no están pasando y que además te diviertas? ¿Y nada más tirando dados?

Igual seguí la corriente. No quise menospreciar los gustos de un recién conocido. Elegí un personaje y lo fui queriendo, lo vestí y le inventé historia. Pero no pasaba de la sensación que sentía de chica al vestir una muñeca. No era demasiado especial.

El día de la aventura me senté a la mesa con una actitud bastante despectiva (aunque no dejé que nadie lo percibiera) y con un convencimiento de que no me iba a divertir, por falta de imaginación.

La primera desafiada a rolear fue una de mis amigas. En verdad sentí el alivio de no estar en sus zapatos al verla acosada por el master con sus "¿Qué hacés?" y "¿Qué le decís?", obligándola a hablar en primera persona en lugar de la típica "Le digo que tal cosa".

Después vine yo, y fue la sorpresa de mi vida. Durante el tiroteo mi corazón galopaba tanto como el de Libra, mojaba los dados con el sudor helado de mis manos al tirar los disparos y mi cara estaba toda roja. Cuando todo terminó desahogué mis pulmones con un "¡Puf!". Sostuve una mano en el aire y vi mis dedos temblar.

Entonces entendí lo que me decían: "vas a darte cuenta de cómo es cuando juegues. Si te explican, te parece una idiotez.". Y es cierto.

Mi iniciación fue algo espectacular, más que nada por la sorpresa que me dio mi capacidad de imaginación. Fue la vez que logré más conjunción con las sensaciones de mis personajes. Sigo teniendo taquicardia en las luchas, y miedo en las situaciones de suspenso, pero ya no me tiemblan las manos. Supongo que, con el tiempo, uno se va acostumbrando a las escenas típicas de una aventura, se pone más exquisito y exigente, necesita cosas nuevas y distintas para sentir la misma emoción de la primera vez. Y es lógico. ¿O no se da esto también en los deportes riesgosos o en el sexo?. Los deportistas buscan desafíos ante los cuales se vea su vida pendiendo de un hilo cada vez más delgado; los amantes buscan poses y accesorios cada vez más delirantes.

Pues bien: hay otra característica interesante con respecto, no ya a la primera vez, sino al primer personaje.

No me gustaba la idea de tener más de un personaje, en el mundo que fuera. Creo que se debía a que no había captado bien el desafío del rol, tenía ese miedo subconsciente de perder la identidad. En realidad, el primer personaje es uno mismo, con unas leves modificaciones en la vestimenta y las relaciones sociales. Con el tiempo se aprende a vivir personajes más disímiles (¡y cómo cuesta sacarles ese regusto a uno mismo que todos adquieren!). Hace falta esfuerzo y dedicación para convertirse en un buen esquizofrénico, lo cual es absolutamente necesario para ser un buen rolero.

Esta nota salió publicada originalmente en la Revista de Qué? # 4 - 1/03/1994

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