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El Basilisco
por Alejandro C. Gimena

En algún momento después de los siete años de edad, el gallo concibe en su vientre un huevo. Consciente de esto, y maravillado de sí mismo, siente una gran angustia, de hecho la mayor que animal alguno podría llegar a sufrir. Lleno de una ansiedad consumiente, cava discretamente con sus patas un agujero en un cálido estercolero o quizá en un establo, a donde acude repetidamente con la esperanza de desembarazarse del peso que lo agobia. Sin embargo, no escapa todo esto al sutil y perceptivo sapo, que es de naturaleza tal que huele el veneno que el gallo esconde en sus entrañas. Tal es así, que resulta imposible al gallo asistir al hoyo sin ser visto por el acechante batracio, escondido cerca del mismo y que no desperdicia un solo instante de ausencia del ave para empollar el huevo, una vez éste ha sido puesto por el gallo. Al tiempo de eclosionar, se abre paso a través del cascarón el basilisco (o regulus, en latín, según Migne en Patrologiae Cursus Completus. Series Latina) cuyo nombre, que significa pequeño rey, nos ilumina acerca de su condición, siendo que todos los reptiles le temen y respetan, y sobre todos ellos gobierna como su soberano.

Apariencia

Las numerosas descripciones del mismo avalan su condición de híbrido, parte gallo, parte serpiente, si bien no son consistentes cuantitativamente. Algunos sostienen que tiene cabeza, cuello y pecho de gallo, siendo el resto de serpiente (Pierre de Beauvais en Le Bestiaire), otros (J. Swan en Speculum mundi or a glasse representing the face of the world) nos cuentan que su condición de rey de las serpientes es debida a su avanzar majes- tuoso y talante magnánimo, además de la cresta con forma de corona que adorna su siempre erguida cabeza. Sostiene que ojos son de un rojo ígneo combinado con un negro brumoso. Brunetto Latini en Li Livres dou Tresor, De Bestiis y Pierre de Beauvais dicen que posee manchas blancas; éste último agrega que vivos colores recorren su cuerpo, haciendo placentero el observarlo. Borges, en el Libro de los Seres Imaginarios, lo des- cribe cuadrúpedo, de plumaje amarillo, con alas espinosas y cuya cola puede terminar en cabeza o garfio. La mayoría de las fuentes, sin embargo, coinciden en concederle un tamaño reducido y algunos indican que mide medio pie (Brunetto y Migne).

Propiedades

Cuatro son los ataques, todos temibles, que se atribuyen al basilisco, a saber: mirada venenosa (el que mayor consenso halla en las diversas fuentes), aliento de fuego, picadura o mordedura y silbido.

Esta fantástica bestia reluce y brilla de la ponzoña de que está henchida y que se abre paso a través de su fulminante mirada venenosa, sobre la cual concuerdan la gran mayoría de las versiones. También se dice que para poder matar a una persona debe verla primero, ya que si el hombre lo ve antes, el basilisco carece de sus poderes letales, y hasta hay quien sostiene (Pierre de Beauvais) que en este último caso es el basilisco quien está irremediablemente perdido.

Algunos le adjudican además un devastador aliento flamígero, con el cual el ignívomo reyezuelo derriba a las aves que tienen la desgracia de volar por sobre su cabeza. Entre otra de sus temidas cualidades se encuentra su silbido , tanto o más letal que su mirada, el cual prefiere antes que ésta o su aliento a la hora de enfrentar a sus víctimas (Migne). Con su silbido mata pájaros y destruye árboles emponzoñando el aire (Swan).

Su picadura es asimismo fatal, ya que produce hidrofobia y linfatismo. Además, se afirma que se lo encuentra en yermos y desiertos, no sólo porque son éstos de su agrado, sino porque muerte, sequía y devastación es lo único que queda a su paso, ya que todo lo que toca o pisa se seca y muere.

Cómo enfrentarlo

A la hora de enfrentarlo y salir airoso los métodos son básicamente dos, hay quien afirma que la comadreja matará al basilisco sin que éste pueda hacer nada para lograr escapar (Borges señala que es el olor de la misma lo que lo mata, e incluso el canto del gallo), mientras que la otra posibilidad radica en el hecho de que su mirada se refleja en los objetos. Conociendo esta propiedad es posible engañarlo (además se afirma que no puede detectar el vidrio), interponiendo entre los ojos de la bestia y los del hombre un trozo de vidrio o cristal (hay versiones que aluden a recipientes transparentes que podían albergar y proteger a un hombre completo, con el objeto de atravesarlo con ágiles saetas): su mirada rebotará hacia él mismo, causándole la muerte.

Significado

Según Pierre de Beauvais, el basilisco representa al diablo, al mismísimo Satanás, quien, con forma de serpiente sedujo a Eva para así llevar a la perdición al hombre. Asimismo, el basilisco atrae y seduce con sus brillantes colores y su majestuosa presencia, sin resultar de su encuentro otra cosa que la destrucción.

 

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