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El origen del Enano Cuentachistes
por Lisandro Berenguer Grassi

¿Han olido alguna vez una manada de búfalos en celo, en plena época estival y luego de una tremenda corrida? Pues bien, ese tufo es apenas comparable al que estábamos experimentando en el fuerte donde nos tenía n sitiados doscientos kobolds, luego de diez días de permanecer encerrados, sin agua ni provisiones. Ya estábamos desesperados por salir (no porque afuera el aire oliera mejor; imagínense el hedor que puede provocar semejante masa de kobolds juntos), sino porque la última rata había sido cocinada un día atrás y ya comenzábamos a mirarnos con ojos recelosos los unos a los otros. Eramos solo cuatro: un mago elfo, una clériga humana, un ladrón halfling y yo, el guerrero enano. No teníam os ni una chance de sobrevivir un combate cuerpo a cuerpo, pero tampoco podían los kobolds entrar a nuestro refugio. Tablas. Por esta razón, los asquerosos animalejos estaban sitiándonos, pretendiendo hacernos salir a causa del hambre.

Era mi turno de guardia. La noche ya había caído, pero afortunadamente puedo ver en la oscuridad (como todo el mundo sabe). El campamento enemigo hervía de agitación. Los kobolds iban y venían aparentemente sin ton ni son y ya me estaba sospechando lo peor cuando se alzó una bandera blanca y una figura pequeña se desprendió del perímetro del campamento para acercarse a muestro fuerte.

Receloso, sospechando una trampa, desperté cautelosamente a los demás y me acerqué al puente levadizo. Pude entonces ver la silueta que se aproximaba con más claridad. No era un kobold. Era un humanoide apenas más bajo que yo, cubierto con un bonete azul y que usaba una gastada túnica roja. No podía tener un aspecto más inofensivo.

Unos metros antes de llegar a la entrada, se detuvo y gritó:
-¡Eh, los del fuerte! ¡Vengo a charlar un rato! ¡Si me dejan entrar les voy a decir una manera de salir de este atolladero indenmes!

No le creí una palabra, pero de todos modos nuestra situación no podí a ser más desesperada, así que le hice señas para que entrara. Una vez que lo hubo hecho, elevé el puente de nuevo.

-¡Buenas noches!- saludó alegremente el hombrecito
"Permítanme presentarme. Soy el enano cuentachistes y, si bien ninguno de ustedes me conoce, los kobolds con quienes están combatiendo sí, y me han enviado con una propuesta de paz. Pero antes deberían oír una pequeña historia que..."

-¡Un momento!- terció el mago- ¿Estamos rodeados de doscientos kobolds que quieren nuestros pellejos y vamos a desperdiciar tiempo escuchando las tonterías que este imbécil nos tenga que decir?

-Señor, cuide su lenguaje y no me señale con el dedo- dijo con gracia el enano.

-Escuchemos lo que tiene que decir, Valcaran- agregó la clériga.

Cuando vió que todos asentíamos, el simpático personaje continuó:

"Yo me especializo en contar historias y el verlos en esta situación me recuerda una que sucedió hace algún tiempo. Es un claro ejemplo de como la inteligencia es más fuerte que la espada. Y de cómo jugar con un tablero hexagonal se puede volver contra el Master"

"Los muchachos era diez. Habían entrado, luego de buscarlo durante tres o cuatro meses de juego, al santuario del malvado de turno al que tenían que reventar. El Master tenía todo fríamente planeado. Ni bien ingresaron en la cámara del tesoro, una vasta estancia cuadrada de más de cien metros de lado, las pesadas puertas de piedra se cerraron detrás de ellos, no sin antes secuestrar a uno (reduciendo el número de jugadores de diez a nueve). Los jugadores avanzaron hacia el centro de la habitación, separándose. En ese momento, pudieron ver como el Master desplegaba su mapa hexagonal, cubriendo buena parte de la mesa. 'Bueno", dijo, 'ustedes están acá y acá (puso unas figuras de plomo en algunos casilleros). En esta esquina (la que estaba inmediatamente enfrente -alrededor de cincuenta metros- y a la izquierda de ellos) hay un mago rodeado por tres guardias personales groserísimos (colocó una figurita representando al mago en el escaque más extremo del tablero y la rodeó completamente con otras tres, de manera que no había forma de pasar). Ahora, ni bien entraron, ustedes no se dieron cuenta, pero ahora sí distinguen, que a ambos lados de la habitación, desde la pared anterior a la posterior, hay unos cuantos soldaditos, unos al lado de otro, muy apretaditos. No me alcanzan las figuras para marcarlos, pero deben ser unos quinientos, más o menos. También se acercan a ustedes un par de guerreros por cabeza y se ponen casi a distancia de cuerpo a cuerpo. En ese momento, el mago habla, con voz poderosa y estentórea: 'Ríndanse y ser é clemente. No hay manera de que puedan escapar. Repito. Tengo quinientos veintiún soldados y ustedes son solo nueve. La proporción es de 57,88 míos por cada uno de ustedes, asi que, ¿qué van a hacer?.

"Los chicos se miraron. ¿Rendirse? ¿Ellos, veteranos de cientos de combates y solo porque uns mugriento maguito tenía a quinientos tipos para tirarles encima? Un sonrisa se extendió por sus caras, al tiempo que, gritando, se abalanzaban sobre el grupo que se encontraba en la esquina (los que podían), mientras que el resto se quedaba conteniendo a los soldados que tenían cerca. El Master sonrió con satisfacción. 'íTontos, los van a masacrar bolsa! Miren, los que ya están con ustedes son de nivel tan alto que los de las paredes ni siquiera se molestan en acercarse y se quedan mirando'

"El grupo comando-suicida que, mientras tanto, enfilaba hacia el cabecilla estaba compuesto por un guerrero que se movía a una velocidad impresionante, otro guerrero más lento pero no menos formidable y un mago que se las traía. El segundo guerrero y el mago se acercaron a los tres guardaespaldas. Se bancaron un ataque de los dos que tenían enfrente y el mago decidió usar su hechizo de luz brillante para cegarlos. Le salió bastante mal, de tal manera que cegó a los dos que tenía enfrente pero también quedaron ciegos él y el guerrero. El DJ hizo entonces avanzar al tercer guardaespaldas hacia el mago, con la sana intención de reventarlo. Y para esto, se adelantó un casillero. El guerrero restante, aprovechando su velocidad, se coló entonces por detrás del gorila, quedando pegadito al mago, que no tuvo ni tiempo de reaccionar. Pum, pum, dos golpes, crítico y el mago (que, como todos los magos, era muy poderoso pero con pocos puntos de vida) murió sin decir siquiera 'Ay, patria mía'.

"Un silencio expectante se produjo en la sala. Los combates que había en marcha se detuvieron. El guerrero le cortó entonces la cabeza al mago y alzó el sangriento trofeo, al tiempo que gritaba: 'Miren nuestro poder. Hemos destruido a vuestro jefe, y si no os marcháis (no hablaba así en realidad, pero suena mucho mejor) os destruiremos también a vosotros'. Dos segundos después, la sala estaba vacía, y mis amigos comenzaban a saquearla riéndose de la cara del Master."

- ¿Y esa es la historia?- pregunté cuando hubo terminado.- ¿No dijiste que además traías una propuesta?

-Ah, la propuesta, sí. Los kobolds me dijeron que los dejarían pasar si me llevaban a mí con ustedes. ¿Aceptan?

Nos miramos los unos a los otros. En los ojos del mago había un brillo que identifique correctamente. ¿Volver a casa y soportar todo el viaje a este pesado molesto? No way, man.

Agarramos al enano de la túnica y lo arrojamos afuera, para su sorpresa y la de los kobolds. Hecho esto, nos preparamos nuevamente para resistir el sitio. Esta nota salió publicada originalmente en la Revista de Qué? # 9 - 1/03/1995

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