Kiko, el reincidente
(anecdotario novelado)
por Sergio B.

El Enano Cuentachistes tomó asiento y solemnemente declaró: -Se abre la sesión. Primeramente se escuchará la acusación. -

Entonó el fiscal: -Se acusa al rolero conocido como Kiko, de roleo insensato e irresponsable, tomar acciones imprevistas, inconsultas e imprudentes, y desconcertar y descolocar en forma permanente a los integrantes del grupo que integra.-

-¿Cómo se declara el acusado?- preguntó El Enano Cuentachistes.

-Culpable, su Señoría- contestó en el acto el abogado defensor.

-Eh... bueno... En cualquier caso sólo será necesario un testigo. Llamo a declarar a Sergio- anunció el fiscal.

Sergio tomó asiento y comenzó su relato. -Recordarán a los Deliberators (espero). Sucede que el jugador que roleaba a  Oscar (clérigo de Mahagarta) abandonó el grupo, siendo reemplazado por el acusado.

No pasó mucho tiempo antes que un grupo tan atareado como este tuviera que salir a salvar al multiverso, esta vez, de los viscosos tentáculos de los igualmente viscosos mind-flayers.

En su búsqueda de respuestas al atemorizante enigma del oscurecimiento del sol y la llegada de un crudísimo invierno, se encontraban en el lejano puerto de Stormport, investigando las actividades de cierto personaje. La misión de Oscar era vigilar una vivienda ubicada en pleno centro del pueblo. Montó en su escoba voladora, Rantés lo hizo invisible, y con el inconfundible estilo de Sullivan voló a estacionarse frente a una de las ventanas del citado inmueble. Ocurrió que el jardín delantero estaba custodiado por un perro guardián, que si bien no lo veía, obviamente lo olfateaba. Y además hacía rato que no nos bañabamos. Sin embargo el clérigo hizo caso omiso a los ladridos proferidos por el citado cánido, que finalmente sí fueron notados por su dueño, el cual, después de mirar por la ventana y no hallar nada, terminó saliendo ballesta en mano a buscar aquéllo que tanto intranquilizaba a su mastín. A todo esto, Oscar seguía sentadito en su escoba como si el perro fuera de peluche. Después de unos minutos, el tipo empezó a sospechar y corrió en busca de las autoridades.

Evidentemente nuestro clérigo, de tanta invisibilidad, no veía en la que se estaba metiendo.

Al rato llegó el hombre acompañado de tres guardias armados y otro con pinta de mago. Uno diría que un acólito de la diosa de la Sabiduría pensaría en, como mínimo, cruzar a la vereda de enfrente. Sin embargo, cuando Kiko le reafirmó al master que Oscar se quedaba donde estaba, empezamos a sospechar que desconocía el significado de la palabra "acólito" (en mi opinión la confundía con "alcohólico").

-Ok. Apuntan sus ballestas y arcos hacia donde SIGUE ladrando el perro- le dijo el master.

-Bueno- respondió Kiko.

-Empiezan a gritar "El que esté ahí que se entregue"- dijo el master.

-Ok, me quedo donde estoy, total no me ven y no pueden hacerme nada- respondió Kiko.

-El de la túnica empieza a murmurar unas palabras ininteligibles y a gesticular.- dijo el master.

-No hay problema.- dijo Kiko.

-¡Pero no seas tarado!- dijimos todos.

-Cállense que ustedes no están ahí- dijo el Master.

-Pero los chicos tienen razón- dijo Mahagarta.

-¡Guau, guau!- insistía el perro.

-Inrigel ligramón...- entonaba el mago a punto de perder la concentración en medio del quilombo.

-Saving throw contra magia - dijo el master.

-18- dijo Kiko.

-Te volvés visible, la escoba pierde temporariamente su magia y te vas al suelo- dijo el master.

-¡¡Viste, te dije!!- dijimos todos.

-¡¡¡Dejámelo que me lo morfo!!!- aullaba el perro.

En fin. El luctuoso saldo fue Oscar que perdió su escoba y demás ítems mágicos (la confianza de sus compañeros la había perdido tiempo atrás) y fue a dar con sus huesos a una oscura y húmeda celda. Corrección: casi todos sus huesos, ya que uno se lo guardó el pichicho de recuerdo.

El resto de los Deliberators, que nunca abandonan a un compañero en apuros, decidieron ir en su rescate. Para ello Aron, hijo de Saron, consiguió introducirse en la cárcel y llegar hasta la celda donde estaba Oscar. El guardia que montaba ídem tenía el consabido manojo de llaves colgado de la cintura. Aron, hijo de Saron, por telekinesis le arrojó las llaves a Oscar ante la sorprendida mirada del ídem, digo del guardia. Ante lo cual el Kiko dijo: - Las agarro y me las escondo detrás de la espalda.-

-¡Pero el guardia vió todo!- dijo el master.

-No importa. Me las escondo a ver si se olvida.-

Por un instante las miradas del guardia y de Aron se cruzaron y una expresión de preocupación surcó sus rostros. Estar alejado de la realidad, vaya y pase, pero estar alejado de la irrealidad es el colmo.

Algunos días después, pudieron averiguar que Enoch, el poderoso mago que todos reconocían como protector del lugar, estaba directamente relacionado con el asunto. Decidieron entonces irrumpir en su torre a sangre y fuego (la idea era que Enoch pusiera la sangre y los Deliberators el fuego). Ya a las puertas de la torre debieron librar batalla contra dos terribles gólems de hierro. Cuando la lucha comenzaba a inclinarse a favor de nuestros héroes, se abrieron las puertas, los gólems se hicieron a un lado y apareció Enoch en persona. No hizo falta que el master pronunciara la tradicional frase "¿qué hacen?" porque, ya que teniamos suficientes referencias de él como para saber que los "disintegrate" iban a venir uno detrás de otro como cachetada de pulpo, al instante todos tomamos distancia prudencial. Todos menos uno: Oscar se quedó frente a frente a unos 20 metros de distancia del mago proclamando ante la mirada incrédula del resto: "No, yo me quedo acá, no pasa nada.". Pero algo pasó: Enoch pronunció un "power word: kill" del cual fue el clérigo la única victima (ya que todo el resto nos habíamos movido cuando tuvimos la oportunidad) feneciendo en el acto. Y mirá que le dijimos que se corra ¿eh?

El mago tuvo oportunidad de despachar a un par más de nosotros hasta que pudimos derrotarlo.

El problema, obviamente, fue entonces cómo resuscitar a los caídos, ya que el primero fue nuestro inconsciente clérigo. Pero bueno, por fortuna no fue nada que en el pueblo una buena bolsa de monedas de oro no pudiera arreglar.

Tomo entonces la palabra El Enano Cuentachistes, con voz tan severa como dura su mirada: -¿Está el acusado listo para oír la sentencia?-

-No, su Señoría. Mi defendido no merece sentencia alguna-

-¡¿Cómo que no, si se declaró culpable?!- exclamó el fiscal.

-Mi defendido acepta haber protagonizado los hechos aquí testimoniados, pero esta defensa sostiene que los mismos no constituyen delito alguno-

-Explíquese por favor- dijo el Enano, con una sombra de duda asomando en sus ojos.

-Es sencillo: mi cliente es insensato, irresponsable, imprevisible,  imprudente, desconcertante y sorprendente, es decir ¡que posee las más altas virtudes del héroe rolero!-

La mirada del Enano se suavizó otro tanto.

-¿Qué tiene de memorable el paladín que mata su décimo demonio? Nada. ¡Memorable es transformarse en gaviota para combatir a un Dragón gigante!-

Las comisuras de sus labios se curvaron en una incipiente sonrisa.

-¡Memorable es un torpedo de protones para Zentraedis en pijama!-

El Enano ahora sonreía abiertamente.

-¡Memorable son 4000 puntos de megadaño de un solo golpe!-

-¡No es necesario oir nada mas! Se sentencia de por vida al acusado a irritar, sorprender y/o desconcertar a sus compañeros, y a asentar en este juzgado toda actividad digna de ser contada, lo que parece ocurrir en la mayoría de los casos.-

Y antes que el fiscal (o los compañeros de Kiko) pudieran llegar a protestar, el Enano Cuentachistes puso en el piso su valija, la abrió y desapareció por ella.

En fin, creo que el veredicto no estuvo del todo mal. Sólo espero poder convencer de esto mismo a Zugtmoy, Sauron, Cthulhu o alguno de ellos como para que lo acepten en su equipo...

 

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