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Más aventuras en Forgotten Realms
por Sergio Bollini


Esta es la segunda parte de
Aventuras en Forgotten , así que les recomiendo que la lean, porque si no, no van a entender nada (pero tampoco hay garantía de que aún si la leen entiendan algo). Dado que desde entonces sufrimos algunas modificaciones en el plantel (se abrió el libro de pases al Mas Allá), vamos a pasar lista de nuevo: Estrella, enana clériga de Mystra; Freyra, exploradora humana; Nimrod, mago semi-elfo; Egido (porque es el-egido, según su dueño), mago humano; Arcturus, paladín de Torm; Bondar, clérigo de Selune y licántropo; Rogo, humano habilidoso; y por último, el enano guerrero Drwarfus, cuya memoria maldecimos desde el alba hasta el ocaso. Confío en que, gracias a este testimonio, se sumarán a las nuestras las maldiciones de nuestros queridos lectores.

Nos paseábamos por el Templo como de costumbre, cuando dimos con una especie de arena de combate o algo así. Cuando alguno de nosotros bajamos, descubrimos una entrada que llevaba a la madriguera de un Umber Hulk, criatura que, cuando alguien la mira, lo hipnotiza haciéndole creer que él es su amigo, y sus amigos, monstruos. Esto, claro, lo averiguamos a costa de unos cuantos garrazos. Por esas casualidades que tiene la vida, Darío, que roleaba a Bondar, ese domingo (nuestro habitual día de reunión) no había venido, y por consiguiente lo roleabamos entre todos (a Bondar). Y fue entonces cuando el susodicho clérigo, en un arranque de valor admirable, decidió que bajaría a enfrentar él solo al Umber Hulk con los ojos vendados (para evitar ser hipnotizado). Dado que por ser licántropo, sólo podía ser herido por armas mágicas o de plata, la única forma dañarlo era hacerle una herida de 42hp (el total de sus puntos de golpe), así que no le costó mucho vencerlo. Lo verdaderamente cómico de este asunto, fue cómo se puso Darío cuando se enteró de lo que habíamos hecho.

-¡¡´tan locos, ustedes!! ¡¿Cómo lo van a mandar al muere así?!-

-Pero si no pasó nada... -

-¡Pero lo podrían haber matado! -

-Para eso le tendrían que haber hecho 42hp de un solo golpe... -

-¿Y si se lo hacían? -

-¡Pero, loco, como carajo querés que le hagan 42hp!-

-¿Ah, si? ¿Entonces porqué no lo mandaste a Drwarfus? -

-¡¡¡Porque no es licántropo!!!-

En fin, con gente asustada mucho no se puede razonar... De cualquier modo, no volvió a faltar ningún domingo.

[Para una aclaración técnica, ver al final.]

Decididos a reparar el daño que habíamos causado liberando a Zugtmoy, resolvimos atacar el templo principal, ubicado en el cuarto nivel. Los clérigos del lugar, que eran malos pero no boludos, ya se habían percatado de nuestra presencia y nos estaban esperando.

Entre el cotillón que, ya podrán imaginar, adornaba la fiestita, había una especie de cortinaje que ocultaba el altar principal. Arcturus y Bondar lo atravesaron por medio de un wind walk, pero Drwarfus intentó hacerlo normalmente, o sea a pie. El tema es que el tal cortinaje era en realidad algo así como un telón de tentáculos, que te hacían pudrir y desgajar la parte que te tocaran. Como era de esperarse, el enano empezó a caerse a cachos literalmente: perdió el brazo derecho y las dos piernas. Pero más tarde, Estrella y Bondar consiguieron curarlo (por desgracia, como después veremos).

Finalmente, conseguimos salir vivos, y a salvo ya, nos dedicamos a lo que deberíamos haber hecho primero: destruir el Orbe de oro, poderoso artefacto de Zugtmoy que habíamos conseguido robar hacía ya un tiempo. En él, ella había puesto parte de su poder, poder que impidió que el Templo fuera destruído cuando ella fue encerrada. Después de distintas consultas con sabios (fallidas ellas) y adivinaciones clericales, averiguamos la forma de hacerlo (nótese que la forma de destruir un artefacto nunca es sencilla ni obvia). Pero finalmente, y con un poco de paciencia, lo conseguimos.

Y cuando volvimos al Templo, ¡hurra por nosotros!, no era más que un montón de escombros. ¡Habíamos vencido! ¡La gloria era nuestra! Sin embargo, no habíamos podido ver siquiera un tal 5º nivel de cuya existencia nos habíamos enterado, así que, no conformes con lo logrado, decidimos remover los escombros, para lo cual invocamos un elemental de tierra (que todavía debe estar acordándose de nosotros: ¿ustedes sabían que las ampollas de un elemental de tierra, adentro tienen barro?). Después de muchas horas de trabajo, finalmente encontramos las escaleras que llevaban al último y definitivo nivel, el lugar más escondido y más guardado, el corazón mismo de aquél antro de maldad. Bajamos y llegamos a una cámara completamente tachonada en gemas (hmmm, esto me suena...) , en cuyo centro se alzaba una tarima con una especie de columna de luz de unos 3 metros de diámetro en el centro. La mayoría de nosotros, como creo que a esta altura el lector ya habrá adivinado, nos mandamos como desesperados a juntar gemas. (¡¿Pero de dónde me suena esto?! ¡Claro! Aventuras en Forgotten!)

-¡¡Momento!! Si llegamos a sacar 666 gemas de nuevo va a pasar algo muy malo, estoy seguro. - dijo perspicazmente Nimrod.

-Guarda que podemos liberar a Zugtmoy. - dijo Rogo en tono burlón.

-Bueno, no hay problema, saquemos 665, y listo. - sugirió Bondar.

-¡¡NO!! - gritó Estrella -Eso es lo que los muy desgraciados esperan que hagamos. No tenemos que sacar 665, sino 65.

-¡Qué! ¿De donde sacaste semejante idea? - dijo Drwarfus.

-Que sé yo, es una intuición... Haceme caso, si sacamos 66 gemas nos va a ir peor que la otra vez.-

-¿Y que puede ser peor que la que se mandaron ustedes la otra vez? - dijo el enano, que en esa ocasión no nos había acompañado.

-Mirá, no sé, pero a estos, imaginación no les falta, así que mejor no lo averigüemos. Es más, yo diría que no saquemos ninguna. -

-¿¡Sos loca!? ¡¡Mirá el tesoro que hay acá!! -

Y uniendo la acción a la palabra, se puso a juntar gemas como estuviera eligiendo mandarinas (¿...?) en el (¿¡...!?) supermercado (¡Oh, no! ¡Deténganlo!) . Agarramos a Drwarfus entre varios y tuvimos que boxearlo para que se calmara. Parecía que todos habíamos llegado en el acto a un acuerdo: mejor sacar 65 gemas y salir enteros, que sacar 665 y arriesgarnos a terminar partidos en otros tantos pedacitos. Creyendo apaciguadas sus ansias pecuniarias con 65 gemas bien gorditas, dirigimos nuestra atención a los magos, que intentaban descubrir qué era la tal columna... y fue eso lo que precipitó nuestra ruina, porque el muy %$#&¬*=!^ del enano aprovechó nuestro descuido para pegar el zarpazo (con la misma hermosa manito que Bondar y Estrella le curaron) y sacar otra gema, la número 66. No alcanzamos ni a decirle bolú: en un instante el techo de la cámara mas todo lo que del resto del templo no se había derrumbado antes, se desplomó entonces sobre nosotros en medio de un terrible terremoto.

-¡Que bárbaro! Me encantó como terminó la aventura ¡Estuvo buenísima! - dijo Adrián, mientras el resto lo miraba evaluando seriamente si dejar la imaginación de lado y cagarlo a espadazos de verdad. O al menos eso me dijeron cuando recobré el conocimiento. Tuvo suerte: yo no hubiera dudado tanto como ellos.

Pero no importa, yo sé como arreglar esto... el Master es débil... y hace rato que le echó el ojo a un Mercedes-Benz clase E gris metalizado que venden por Av. Libertador. Así que armamos una vaquita entre todos. El problema es que nos faltan U$S 249.970 y debo confesar que es por eso que escribí esta carta: ¿alguien se prende en la vaquita?

 

 

Nota técnica: con el tema de la supuesta invulnerabilidad del licántropo, había efectivamente algo que no cerraba: eso de que un personaje nuestro pudiera ser así de invencible, parecía medio antideportivo, por decirlo de algún modo. El Master se puso a investigar y finalmente encontró que esta situación ya estaba prevista: a partir de 4+1HD, las garras de una criatura se consideran armas +1, a partir de 6+2HD, +2, y así siguiendo (ver tabla 48 del Manual del Dungeon Master). Como conclusión: si hubiéramos seguido estrictamente todas las reglas, Darío todavía nos estaría corriendo.

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