anecdeliberators

 

Los deliberators
por Sergio Bollini

 

Hace frío. El típico frío que hace en cualquier calabozo húmedo y oscuro donde hace años que no entra aire fresco ni luz del sol.
Los guerreros avanzan con mucho cuidado, temiendo equivocarse a cada paso que dan. Moviéndose sigilosamente y tratando de percibir el menos ruido que sea ajeno a sus pisadas y su respiración.
Sin previo aviso, vislumbran una luz que viene de la próxima curva...
Pero la luz no está quieta. Se nota que se acerca, yya pueden oir los pies que se arrastran. Todos preparan las armas, tensan los arcos y dejan que la adrenalina corra por sus venas.
De pronto, una silueta diminuta y semi-humana hizo su aparición por el pasillo. Medía menos de un metro, y traía una... ¿valija? en la mano y una antorcha en la otra.
- Buenos días - se presentó.- Soy el enano cuentachistes. Sosténgame esto - dijo dándole la antorcha al guerrero más cercano, y apoyando la valija en el piso.
Los guerreros estaban más desubicados que Adán en el día de la madre, así que el enano prosiguió: - Acá tengo algo que quizás les interese, dijo sacando un papel enorme de su diminuto bolsillo. Es de un amigo llamado Sergio Bollini, y dice así:

"Nuestro grupo, llamado "Los Deliberators" (porque para decidir si doblan a derecha o izquierda se tienen que reunir en asamblea), está formado por Sullivan (ladrón), Ironfat (luchador), Aron (elfo), Oscar (clérigo de nombre exótico), Gimlina (enana) y Rantés (hechicero, roleado por un servidor). En honor a la verdad, Sullivan ya descansa en paz, partido al medio (literalmente) por un hombre- escorpión. Hoy estamos, mañana no estamos... Antes de empezar aclaro que todos nuestros manuales están en inglés (son bastante más baratos) así que pido disculpas por adelantado si mis traducciones no coinciden con las de los manuales en español.

"Era una apacible mañana de verano, a bordo de nuestro navío, buscando una banda de despreciables bucaneros (conocidos en aquella época como piratas del agua), con el fin de poner coto a sus interminables fechorías y de alzarnos con el botín reglamentario (aparte de los honorarios convenidos con el Duque de Karameikos por limpiar las rutas comerciales). Hacia media mañana dimos con el grueso de la flota, y tras un breve pero sangriento enfrentamiento debimos emprender una retirada estratégica (rajamos, o sea). Conseguimos poner algo de distancia entre nosotros y los malvivientes, pero los muy desgraciados se venían como chancho pa' los choclos. En ese momento, Rantés (en aquel entonces humilde hechicero de nivel 4) sufrió un repentino ataque de delirios de grandeza, sin duda por una exposición demasiado prolongada a los inclementes rayos solares, y decidió que su anillo de volar y su recientemente adquirido palo de bola de fuego eran suficientes para detener el malón. Tras una saludable bendición de Oscar, se fue volando (estaba apurado) a detener a los susodichos. Tras hacerse invisible para poder explorar a gusto y seleccionar las víctimas más jugosas, comenzó a descargar bolas de fuego a diestra y siniestra, haciendo grandes estragos en las filas enemigas. Hete aquí que no identificó al más peligroso de todos (hechicero de nivel 10), el cual, sin duda un tanto ofendido por la intrusión, arrojó un rayo que dio de lleno en Rantés, quien se precipitó al agua desde gran altura, casi muerto y envuelto en llamas. Por desgracia sucedió que en la otra mano tenía puesto un anillo para caminar sobre el agua, por lo que su caída fue tal como si el océano fuera roca sólida. De más está decir que el temerario hechicero se hizo puré. (Lástima que todo esto no ocurrió de noche, porque hubiera sido mucho más vistoso). Sin embargo, la valiente Gimlina (roleada por mi esposa) arriesgó su vida para salvarlo, haciéndose invisible, invocando una poderosa magia protectora y metiéndose en un bote que fue dejado a la deriva, con la esperanza de que los piratas no le prestaran atención, cosa que (loado sea nuestro Master) efectivamente ocurrió. No sólo eso, sino que el pequeño botecito consiguió ser encontrado por nuestro buque la mañana siguiente (tres veces loado nuestro Master). Rantés sobrevivió, magia clerical mediante, pero quedó como Freddy Krugger."

- Espero que esto les sirva para algo, o que al menos los haya entretenido - dijo el enano cuentachistes- Tengo muchas historias como esta, y me encanta escuchar otras.
- Algún otro día - agregó - voy a regalarle mil puntos de experiencia al que me haga reír, pero ya me tengo que ir. Hasta luego.
Sin decir nada más, el enano abrió la valija que tenía en el suelo, y se metió dentro, descendiendo una escalera que había allí.
Los guerreros, estupefactos, miraron cómo desaparecían el enano y la valija.
Desde ese día, los chicos de "Los Viernes, en lo de Pocho, Rolemaster", supieron que sus partidas de rol nunca más serían lo que hasta ahora...

Esta nota salió publicada originalmente en la Revista de Qué? # 7 - 1/09/1994

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