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Las insólitas aventuras de Aron, hijo de Saron
por Sergio Bollini

Sentado en su despacho de la redacción, con sus pequeñas piernas sobre el escritorio, el enano cuentachistes se dispuso a abrir la carta de Sergio.
Con cara de preocupación, recorría las líneas con la mirada, repitiendo para sus adentros "Boberías, boberías, boberías. Acá está". Llegado este punto, la cosa se puso un poco más interesante. La carta contaba que...

"Ya desde el inicio de la aventura comenzó a hacerse patente el aciago destino que aguardaba a Aron, hijo de Saron. Cuando entraron a un enorme salón comedor, empezaron a aparecer unos goblins traslúcidos, trayendo en bandejas un suculento banquete. A medida que los Deliberators lo iban probando, uno sanaba puntos de vida, otro aumentaba su fuerza, y así. Pero cuando Aron, hijo de Saron, probó el vino, se agarró una mamúa de aquéllas, que lo dejó totalmente inutilizado por el resto del día.

"Poco después, se encontraron con William Amber (mago, loco de atar) que lo fulminó con un rayo porque no le gustó la forma en que le habló. Igualmente no llegó a matarlo, aunque fue una lástima, porque creo que le hubiera convenido.

"En otra parte de la mansión lo poseyó con un magic jarr una maga absolutamente trastornada (hacía dos siglos que estaba "magic-jarreada" dentro de un trono, imposibilitada de volver a su propio cuerpo ya destruido). Lo divertido es que no se la podían sacar de encima (mejor dicho, de adentro), y tampoco podían atacarla porque iban a terminar hiriendo a Aron, hijo de Saron. Entonces intentaron convencerla de que saliera del elfo, presentándole una mujer que ella podría poseer sin encontrar resistencia. La tal mujer era en realidad un mono polimorfeado por Rantés en mujer, pero, como bien dice el dicho, "aunque la mona se vista de seda, mona queda": la supuesta mujer sólo tenía la inteligencia de un mono (machistas recalcitrantes abstenerse de hacer comentarios), y la maga, que era loca pero no tarada, desconfió; al fin y al cabo, ¿quién va a decir: "si, dale, venite para mi cuerpo, total esta noche no tengo nada que hacer"?. Insistieron haciendo hablar a la mujer mediante un ventriloquismo, pero la maga se dio cuenta de que no movía los labios. Ante su manifiesta inflexibilidad, Rantés exclamó: "¿así que no te querés ir? ¡Tomá!" y la polimorfeó en perro ante la aterrada, consternada, obnubilada, desahuciada y al fin y al cabo polimorfeada mirada de Aron, hijo de Saron, que en definitiva era el que ponía el cuerpo para que los demás jodieran. De todas formas la susodicha pareció captar el mensaje, porque finalmente huyó. Pero a Aron, hijo de Saron, se lo veía medio ofendido con Rantés, porque lo trataba a cara de perro. Afortunadamente, poco después consiguieron una gentil doncella que lo desemperró por medios mágicos.

"Sin embargo, las tendencias sádicas de la diosa Fortuna, aún insatisfechas, lo llevaron a encontrarse solo frente a frente con un coacktrice. Sabiendo que si no lo despachaba rápido iba a terminar convertido en piedra, le arrojó un rayo, sin reparar en la pared de piedra situada a espaldas de la criatura: el hechizo rebotó, alcanzándolo de lleno y dejándolo con 1 (un) punto de vida; lo cual en definitiva no tuvo mayor importancia, porque acto seguido el coacktrice lo petrificó. Podría decir sin temor a equivocarme, que nuestro desafortunado elfo se había convertido en una carga para el resto de los Deliberators, que debía arrastrar su pétrea figura (cómodo como collar de sandías) mientras exploraba el resto de los recovecos de la extravagante mansión, hasta que finalmente consiguieron otra persona que lo volvió a la normalidad (aunque uno a esta altura ya podría preguntarse si verdaderamente Aron, hijo de Saron, tiene un estado normal).

"Ustedes, cándidos lectores, dirán ¿que más le puede pasar?¡ya está! No, no, no, mis ingenuas palomitas, nuestro prodigioso personaje guardaba otra cagada en la manga (¡puajj!). Cuando fueron atacados por una visión (insidioso tipo de muerto viviente que hace que aquellas víctimas que fallen la tirada de salvación se echen al suelo a llorar desesperanzados en medio de un ataque depresivo), ¿adivinen quién fue el único que falló la tirada, cayendo al suelo hecho un mar de lágrimas...? En realidad no lo puedo culpar: yo también me tiraría a llorar si tuviera tanta mala leche.

"Nuestro amigo guarda un amargo recuerdo de estos hechos. Desde esa infausta aventura le dicen Aron, hijo de Murphy."

Lentamente, el enano cerró la carta, mientras preparaba cómo le iba a contar esta historia al próximo grupo de incautos con los que se encontraría...

Esta nota salió publicada originalmente en la Revista de Qué? # 10 - 1/06/1995

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